Índice
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El primer puñado de provolone cae en la sartén y alguien, casi siempre, alarga la mano hacia el mando del fuego. Lo paramos antes de que llegue. Esa sartén ya está apoyada en la encimera y ahí se queda: el queso se funde con el calor que le queda a la pasta y con el agua de cocción, no con la llama. En ese medio minuto los espaguetis a la nerano se ganan o se pierden.
Es el plato que más sorprende en nuestra cocina de Piazza Margana 22, en el centro de Roma. Nadie entra esperando gran cosa de un calabacín y un queso, y muchos salen hablando más de esto que del spritz. Aquí va como lo hacemos en clase: 700 g de calabacín frito en rodajas, 150 g de provolone del Monaco, 30 g de parmesano, un diente de ajo, albahaca partida a mano y 320 g de espaguetis que terminan de cocerse en la sartén. Nata, ninguna. La crema sale del queso y del almidón, y es de un verde pálido, no blanca.
Ingredientes de los espaguetis a la nerano para 4 personas
Cantidades para cuatro, con la dosis por persona al lado, como las contamos en clase.
- 320 g de espaguetis, 80 g por persona, trefilados al bronce si los encuentras
- 700 g de calabacín, 175 g por persona, medianos y firmes
- 150 g de provolone del Monaco, 37,5 g por persona, rallado por el lado grueso
- 30 g de parmesano, 7,5 g por persona, más o menos una cucharada cada uno
- 1 diente de ajo entero, que se retira en cuanto toma color
- 30 g de aceite de oliva virgen extra para la sartén, y unos 500 ml más para freír
- 20 hojas de albahaca, 5 por persona, partidas a mano
- Sal, menos de la habitual, y pimienta negra recién molida
Del calabacín depende la mitad del plato. El pequeño, verde oscuro, no más grueso que el palo de una escoba, tiene menos agua y más sabor; el grande y pálido se queda lacio al freír. Si es lo único que hay, córtalo, sálalo un poco y déjalo veinte minutos en un colador antes de secarlo.
Mantequilla tampoco, aunque la pidan. La pimienta, molida al final, sobre el plato.
Por qué el calabacín se fríe, y por qué a 150 °C
Porque el calabacín salteado suelta agua y el frito la pierde. Frita a 150 °C durante 5 o 6 minutos, la rodaja pierde esa agua, el borde se dora y lo que llega a la sartén final es dulce y blando por dentro, y sabe a calabacín.
A 150 °C una rodaja de 3 o 4 mm se hace por dentro antes de tostarse por fuera; más caliente, el borde se quema con el centro crudo; más fría, la rodaja bebe aceite. Sin termómetro, una rodaja de prueba tiene que chisporrotear al tocar el aceite, sin humo.
Las secamos sobre un paño y las freímos por puñados: 700 g son tres o cuatro tandas, y meterlo todo de golpe hunde la temperatura del aceite y devuelve discos grises que después ningún queso tapa. Cada tanda sale a papel de cocina, se sala en caliente y recibe unas hojas de albahaca partidas encima.
En la bahía se fríe en aceite de oliva; uno de semillas neutro fríe igual de bien.
Provolone del Monaco: el queso que pone la crema, y qué usar fuera de Italia
El Provolone del Monaco es un queso de pasta hilada con denominación de origen de los montes Lattari, la sierra que hay detrás de Sorrento. Se hace con leche que procede al menos en parte de vacas agerolesas y se cura un mínimo de seis meses. Curado así es intenso, algo picante, con un final a avellana. El consorcio que lo protege lo dice sin rodeos: hecho con otro queso, esto es pasta con calabacín y queso, no spaghetti alla Nerano. Tienen razón, y aun así casi nadie lo encuentra fuera de Italia.
El sustituto más cercano es un caciocavallo curado. Misma familia, misma pasta hilada, y en la sartén se comporta igual. Mismos 150 g y mismos 30 g de parmesano. Después, un provolone picante bien curado. Si no hay ni uno ni otro, hazlo solo con parmesano, 150 g, y cuenta con una crema más líquida y más salada: menos agua de cocción al final y nada de sal sobre el calabacín.
Se ralla grueso y media hora antes. En dos boles separados, y se dejan en la encimera. Las hebras gruesas se funden una tras otra mientras remueves; el polvo fino de un trozo recién salido de la nevera enfría la sartén y se apelmaza en una bola gomosa en cuanto toca la pasta.
De una trattoria en la playa de Marina del Cantone a la mesa del aperitivo
El plato nace en los años cincuenta en Maria Grazia, una trattoria en la playa de Marina del Cantone, la cala que queda bajo Nerano, una pedanía de Massa Lubrense en la península sorrentina. El calabacín frito ya era la guarnición de la casa; a alguien se le ocurrió fundir encima el queso de los montes de al lado junto con la pasta, y hoy cada trattoria de esa cala tiene su versión.
Muchas fríen el calabacín el día anterior y lo dejan toda la noche con sal y albahaca. Las rodajas absorben la hierba y pierden el punto de frito, y por eso una Nerano comida en Nerano sabe más a calabacín que a fritura. En clase no tenemos esa noche y el plato funciona igual; en casa, una hora de reposo con la albahaca ya te deja a medio camino, y es la única mejora que conocemos que no cuesta nada.
Se sirve como primer plato, solo, sin más queso en la mesa ni más adorno que una hoja de albahaca. Y no espera: la crema se espesa en dos minutos, así que los platos salen cuando la sartén deja de moverse, con la gente ya sentada.
Los espaguetis a la nerano paso a paso, con tiempos y señales
Lo que hay que aprender es el orden: calabacín frito antes de que hierva el agua, queso rallado antes de que entre la pasta, sartén apagada antes de que entre el queso.
Cuando el agua rompe a hervir, el calabacín ya está frito y salado. Si no lo está, no has empezado. Los dos quesos esperan rallados en sus boles, y en la olla la sal va corta: el provolone ya trae la suya.
Los espaguetis salen del agua a los 6 minutos, la mitad de lo que marca el paquete. Muerde uno: el centro sigue blanco y harinoso, y así tiene que estar, porque la otra mitad de la cocción ocurre en la sartén. Antes de escurrir, dos cazos de esa agua turbia se apartan junto al fogón.
Mientras tanto, la sartén ancha ya trabaja. Treinta gramos de aceite, el ajo entero, fuego medio. Al minuto el ajo está dorado claro y sale; entra el calabacín frito con un cazo de agua y, un minuto después, alguna rodaja se deshace y el líquido se pone lechoso. Esa es la base.
Tres minutos de sartén, como un risotto. Los espaguetis caen escurridos sobre el calabacín y no dejan de moverse; cada vez que el fondo se seca, medio cazo de agua. Al tercer minuto la hebra ya no tiene centro harinoso y lo que la rodea está espeso, un poco pegajoso. Si la sartén parece seca, el agua entra ahora, no después del queso.
Y ahora la sartén se apoya en la encimera. El provolone entra en tres o cuatro puñados, con una vuelta entre uno y otro; luego el parmesano, la albahaca que queda y un cazo más de agua. Treinta segundos de movimiento y el líquido se vuelve una crema verde pálido pegada a cada hebra, sin hilos. Pimienta, platos calientes, y se sirve sin esperar a nadie.
Por qué el queso hace hilos, y cómo lo paramos en clase
Con varias sartenes a la vez en clase se ve clarísimo: la que volvió al fuego un segundo para que ligara es la que acaba con una bola de queso en el centro y la pasta seca alrededor. Es el fallo número uno. El provolone es un queso de pasta hilada, familia de la mozzarella, y por encima de unos 70 °C sus proteínas se contraen en hilos y expulsan la grasa. Por debajo, con bastante agua con almidón alrededor, se funde y aguanta. La llama lo lleva por encima de esa línea en segundos; el calor que le queda a la pasta y a la sartén, no.
Si la crema no aparece con el último puñado, una cucharada de agua de cocción y seguir removiendo. Nunca más queso, nunca el fuego. Una crema apretada vuelve con agua; los hilos largos que conservan la forma ya no vuelven, y la llama solo los convierte en goma. Cuando pasa, se emplata tal cual: sigue sabiendo a Nerano.
El agua del grifo no sirve. Quien escurre en el fregadero lo descubre al minuto: sin agua turbia no hay con qué aflojar la crema, y la del grifo no lleva almidón, solo la diluye.
La sal, que se suma tres veces. El calabacín se sala al salir del aceite, el provolone es salado, el parmesano también. Quien sala el agua como para una pasta con tomate acaba con un plato que ya no se corrige.
Adelantar, guardar, y la versión con espaguetis frescos
Lo que se adelanta bien es el calabacín, y el queso puede estar rallado desde antes. La pasta y la crema, no: se hacen con la gente sentada.
Lo que sobra no vuelve. Frío se compacta en algo más parecido a una tortilla que a una pasta, y al recalentarlo el queso vuelve a hacer hilos. Mejor calcular bien las raciones.
Con pasta fresca cambia el reloj, no el método. En clase todos estiran espaguetis a mano, y si quieres la masa explicada paso a paso está en la receta de pasta fresca al huevo; con ellos la cocción en agua son 2 o 3 minutos en vez de 6, y el agua espesa más rápido, así que al final se usa un poco menos.
Dónde aprender los espaguetis a la nerano en Roma
En nuestra cocina de Piazza Margana 22 este plato forma parte de la clase de spritz y espaguetis: unas dos horas y media en las que el grupo hace espaguetis frescos desde la harina, cocina dos recetas con el chef mientras se sirven spritz y vino italiano, y al final se sienta a la mesa a comer lo que ha hecho, con un espresso para cerrar. La otra receta de la velada son los espaguetis con albóndigas.
Es una clase de tarde, social, pensada para quien empieza de cero: la masa se explica paso a paso y cada uno estira la suya, no mira una demostración. La misma clase existe en versión privada para grupos que quieren la cocina para ellos solos. El resto de lo que hacemos está en la página de clases de cocina.
Detalles de receta
Los spaghetti alla Nerano tal como los cocinamos en Piazza Margana 22: calabacín en rodajas finas frito hasta que toma color, provolone del Monaco fundido en el agua de cocción con el fuego apagado, albahaca partida a mano y nada más. Sin nata, sin mantequilla, sin queso echado a la sartén sobre la llama. La regla que repetimos en clase es que el calabacín pone el sabor y el queso pone la crema, y los dos se estropean si la sartén está demasiado caliente cuando se encuentran.

Preparación
Corta el calabacín en rodajas de 3 o 4 mm
Lava y despunta 700 g de calabacín y córtalo en rodajas de 3 o 4 mm, con mandolina si la tienes, para que todas se frían a la misma velocidad. Extiéndelas sobre un paño limpio y sécalas: el agua que llega a la sartén baja la temperatura del aceite y las rodajas se hierven en vez de freírse. Elige calabacines medianos, firmes, no más gruesos que el palo de una escoba. Los grandes están llenos de agua y se quedan lacios.
Fríelo a 150 °C, un puñado cada vez
Calienta unos 500 ml de aceite de oliva en una sartén honda hasta los 150 °C: una rodaja echada dentro debe chisporrotear enseguida sin que el aceite humee. Fríe el calabacín un puñado cada vez durante 5 o 6 minutos, dándole una vuelta, hasta que el borde esté dorado y el centro todavía blando. Si llenas la sartén el aceite se enfría y te quedan discos grises y grasientos. Saca cada tanda sobre papel de cocina, sala en caliente y parte encima unas hojas de albahaca.
Ralla el queso por el lado grueso
Ralla 150 g de provolone del Monaco y 30 g de parmesano por los agujeros grandes del rallador, en dos boles separados, y déjalos a temperatura ambiente. Las hebras gruesas se funden una tras otra mientras remueves; el polvo fino de un trozo frío se apelmaza en una bola gomosa en cuanto toca la pasta caliente. Mientras tanto pon a hervir una olla grande de agua y sálala menos de lo habitual: el queso ya trae sal de sobra.
Cuece los espaguetis solo 6 minutos
Echa 320 g de espaguetis al agua hirviendo y cuécelos unos 6 minutos, más o menos la mitad del tiempo impreso en el paquete. Muerde uno: tiene que seguir blanco y harinoso en el centro, porque la segunda mitad de la cocción ocurre en la sartén, entre el calabacín y su almidón. Antes de escurrir, guarda al menos dos cazos del agua turbia de cocción al alcance de la mano, junto al fogón.
Calienta el calabacín en la sartén
Mientras la pasta se cuece, calienta 30 g de aceite de oliva virgen extra en una sartén ancha a fuego medio con un diente de ajo entero. Cuando el ajo se ponga dorado claro, al cabo de un minuto, retíralo. Añade el calabacín frito y un cazo de agua de cocción y déjalo estofar un minuto: las rodajas se ablandan, alguna se deshace y el líquido se vuelve lechoso. Esa es la base de la salsa.
Termina la pasta en la sartén como un risotto
Escurre los espaguetis directamente sobre el calabacín y muévelos a fuego medio unos 3 minutos, añadiendo medio cazo de agua de cocción cada vez que el fondo de la sartén se seque. Prueba una hebra: debe estar al dente sin el centro harinoso, y el líquido de alrededor tiene que ser espeso y algo pegajoso. Si la sartén parece seca en este punto, el agua se añade ahora, no después del queso.
Funde el queso fuera del fuego y sirve
Retira la sartén del fogón y apóyala en la encimera. Añade el provolone en tres o cuatro puñados, removiendo entre uno y otro, después el parmesano, la albahaca restante partida a mano y otro cazo de agua de cocción. Sigue removiendo 30 segundos: el líquido se convierte en una crema verde pálido que envuelve la pasta sin hacer hilos de queso. Pimienta negra, platos calientes y a la mesa de inmediato. Esta crema se espesa en dos minutos.
Por qué el provolone hace hilos en vez de crema
El fallo que más vemos es una bola de queso quieta en medio de la sartén con la pasta seca alrededor. Pasa cuando el provolone entra con la llama encendida. El provolone es un queso de pasta hilada, la misma familia que la mozzarella, y por encima de unos 70 °C sus proteínas se contraen en hilos y expulsan la grasa. Por debajo de ese punto, con bastante agua con almidón alrededor, se funde en el líquido y aguanta. Así que primero la sartén sale del fogón, después entra el queso, en tres o cuatro puñados con una vuelta entre uno y otro. Mira cómo se forma la crema con el último puñado: si a los treinta segundos no aparece, añade una cucharada de agua y sigue removiendo. Fuego, no.
El queso frío hace el mismo daño desde el otro lado. Las hebras recién sacadas de la nevera bajan la temperatura de la sartén y se apelmazan antes de tener tiempo de fundirse, así que ralla el provolone media hora antes y déjalo en la encimera. Y aprende a parar: una crema que solo está apretada vuelve con una cucharada de agua, pero los hilos largos de queso que conservan la forma ya no vuelven atrás, y la llama solo los convierte en goma. Emplátalo tal cual: sigue sabiendo a Nerano.
El segundo sitio donde las cosas se tuercen es la fritura. Calabacín cortado demasiado grueso, o echado mojado, o todo en un montón: la temperatura del aceite se desploma, las rodajas se quedan dentro y lo absorben, y salen grises y pesadas en lugar de doradas y dulces. Setecientos gramos son tres o cuatro tandas, y no hay atajo que merezca la pena.
Después, el agua de cocción. La gente escurre los espaguetis en el fregadero por costumbre y pierde lo único que convierte el queso fundido en una salsa. Guarda dos cazos antes de escurrir, y si la sartén parece seca después del queso, el remedio es el agua. Nunca más queso, nunca la llama. La sal es el fallo silencioso: el calabacín se sala después de freír, el provolone es un queso salado, el parmesano también. Sala el agua de la pasta menos que para una salsa de tomate y prueba antes de añadir nada al final.
Provolone del Monaco, y qué usar fuera de Italia
El Provolone del Monaco es un queso con denominación de origen de los montes Lattari, detrás de Sorrento, hecho con leche que procede al menos en parte de vacas agerolesas y curado un mínimo de seis meses. Joven es suave y mantecoso; con la curación que pide el plato es intenso, algo picante, con un final a avellana que se nota a través del calabacín. El consorcio que lo protege no se anda con rodeos: cocinado con otro queso, esto son espaguetis con calabacín y queso, no spaghetti alla Nerano. Estamos de acuerdo, y también sabemos que la mayoría de quienes vienen a clase no lo encontrará en casa.
El caciocavallo es el sustituto más cercano: misma familia, misma pasta hilada, y uno curado se comporta igual en la sartén. Los mismos 150 g y los mismos 30 g de parmesano. Un provolone picante bien curado de mostrador es la siguiente opción y se funde un poco más fácil. Si donde vives no encuentras ni uno ni otro, hazlo solo con parmesano, 150 g, y cuenta con una crema más líquida y más salada: menos agua de cocción al final y nada de sal sobre el calabacín.
Sobre el calabacín: el pequeño, verde oscuro, tiene menos agua y más sabor que el claro y gordo. Si solo encuentras calabacines grandes, córtalos, sálalos ligeramente y déjalos en un colador veinte minutos antes de secarlos y freírlos. El aceite para freír es aceite de oliva en todas las cocinas napolitanas que conocemos; un aceite de semillas neutro los fríe igual de bien y es lo que muchos prefieren en casa.
Sobre la pasta: espaguetis secos, trefilados al bronce si es posible, porque la superficie rugosa retiene la crema. En la clase donde cocinamos este plato todos estiran espaguetis frescos a mano; si mezclas la Nerano con pasta fresca, cuécela 2 o 3 minutos en vez de 6 y cuenta con que el agua espesa más rápido, así que usa un poco menos.
De una cala bajo Sorrento a la mesa del aperitivo en Roma
El plato nace en los años cincuenta en Maria Grazia, una trattoria en la playa de Marina del Cantone, la cala bajo Nerano, una pedanía de Massa Lubrense en la península sorrentina, donde el calabacín frito ya era la guarnición de la casa y a alguien se le ocurrió fundir encima el queso local junto con la pasta. Hoy cada trattoria de esa cala tiene su versión. Muchas fríen el calabacín el día anterior y lo dejan toda la noche con sal y albahaca, para que las rodajas absorban la hierba y pierdan el punto de frito, y por eso una Nerano comida en Nerano sabe más a calabacín que a fritura. Si tienes tiempo, una hora de reposo con la albahaca ya te deja a medio camino; no la contamos en los tiempos de la receta porque el plato funciona sin ella.
Se sirve como primer plato, solo, sin más queso en la mesa y sin más adorno que una hoja de albahaca. No espera: la crema se espesa al enfriarse, así que los platos salen en el momento en que la sartén deja de moverse, y lo que sobra acaba pareciéndose más a una tortilla que a una pasta.
En nuestra cocina de Piazza Margana 22 es uno de los platos de la velada de spritz y espaguetis, una clase de unas dos horas y media en la que el grupo estira espaguetis frescos a mano, cocina este plato y unos espaguetis con albóndigas, y entre medias se toma un spritz. Es el plato que más sorprende, porque nadie entra esperando tanto de un calabacín y un queso.
Ingredientes
320 g de espaguetis, 80 g por persona, trefilados al bronce si los encuentras
700 g de calabacín, 175 g por persona, en rodajas de 3 o 4 mm
150 g de provolone del Monaco (queso de pasta hilada curado de la península sorrentina), 37,5 g por persona, rallado grueso (caciocavallo o parmesano fuera de Italia)
30 g de parmesano, 7,5 g por persona, más o menos una cucharada cada uno
1 diente de ajo, entero, se retira en cuanto toma color
30 g de aceite de oliva virgen extra para la sartén, más unos 500 ml para freír
20 hojas de albahaca, 5 por persona, partidas a mano
Sal para el agua de la pasta y para el calabacín frito, menos de lo habitual
Pimienta negra recién molida
Elaboración
- 1
Se empieza por el calabacín, que es la parte larga. Setecientos gramos en rodajas de 3 o 4 mm, bien secas y fritas en aceite de oliva a 150 °C, un puñado cada vez, 5 o 6 minutos por tanda hasta que el borde se dora. Sálalas sobre papel de cocina y parte encima unas hojas de albahaca mientras aún están calientes.
- 2
El queso se ralla mientras el agua rompe a hervir. Ciento cincuenta gramos de provolone del Monaco y 30 g de parmesano, los dos por el lado grueso del rallador, para que las hebras se fundan una a una en lugar de apelmazarse en un bloque. Los espaguetis, 320 g, se cuecen en agua con sal unos 6 minutos, la mitad del tiempo del paquete, porque el resto de la cocción ocurre en la sartén.
- 3
El calabacín se calienta en una sartén ancha con 30 g de aceite de oliva virgen extra y un diente de ajo que sale en cuanto toma color. Un cazo de agua de cocción, un minuto de fuego, y las rodajas empiezan a deshacerse en el líquido.
- 4
La pasta se termina en la sartén, como un risotto. Escurre los espaguetis directamente sobre el calabacín y sigue removiendo unos 3 minutos, añadiendo agua de cocción cada vez que el fondo se seca, hasta que estén al dente y envueltos en un líquido espeso de almidón.
- 5
El queso entra con el fuego apagado, nunca encendido. Aparta la sartén del fogón, añade el provolone en tres o cuatro puñados removiendo entre uno y otro, después el parmesano, el resto de la albahaca y otro cazo de agua. Treinta segundos de movimiento y el líquido se convierte en una crema verde pálido que se pega a cada hebra. Pimienta negra y a la mesa.
Escrito por
Francesco Ieriti
Fundador de Italian Cooking Classes in Rome y chef, con más de 14 años en la hostelería internacional. Escribe las recetas de este blog tal como se enseñan en clase en Piazza Margana 22: por persona, con los errores incluidos.



